martes, 25 de septiembre de 2012

CREENCIAS: CLAVES PARA UN VIVIR CADA VEZ MÁS HUMANO I.

Luis Arocha Mariño.
Junio 2012.
Las creencias son las reglas fundamentales del juego de la vida. Así como en los deportes o juegos hay reglas fundamentales para hacerlos posible, en la vida de cada uno de nosotros tales reglas configuran nuestro espectro de opciones en cualquier momento. De la misma manera que en un juego de fútbol, por ejemplo, hay que atenerse a que se juega dentro de los límites de la cancha, en nuestro cerebro-mente están alojados principios que guían nuestras posibilidades de desenvolvimiento. Si estoy convencido de que soy tonto, por caso, no intentaré arriesgarme a inscribirme en un postgrado complejo o a asumir un trabajo de riesgo creativo ya que estoy seguro, previamente, de que fracasaré.
Así es como funcionan las famosas creencias. Son las leyes fundamentales que dan paso a la obtención y puesta en práctica de competencias, destrezas, habilidades y conductas específicas que poseemos. Por ello, nuestras posibilidades en la vida son del tamaño de las creencias que tengamos, en primer lugar, y en segundo, marcarán las decisiones que usaremos en cada contexto que se presente. Por ello, hablamos también del cerebro-mente como un órgano interfaz que conecta nuestras competencias de percepción, procesamiento y acción en su relación con el exterior.
Otro rasgo importante de las creencias es que la mayoría de ellas –y mientras más importante, más todavía- suelen operar a nivel inconsciente. De esta manera nos dejan el espacio mental libre para poder ejercer la función humana por antonomasia: razonar, analizar, proyectar y decidir acerca del vínculo entre cuatro mundos versionados por nosotros: individual o subjetivo, material o físico, social o gregario y espiritual o trascendente. Es el producto de una evolución inteligente de los circuitos nerviosos que hacen posible la continuación de la vida en el planeta. Ahora bien, al constituirse en marco general de desenvolvimiento, formar premisas a partir de las cuales ejercemos la lógica del razonar. Por ello, solemos decir que las creencias “son pensamientos encementados con sentimientos” ya que estos últimos conforman ese marco afectivo que precede nuestro razonar en cualquier circunstancia que nos encontremos.
De tal suerte que, en la medida en que podamos darle mayor dirección y sentido a esta propiedad de poseer creencias, seremos capaces de contribuir fuerte y cálidamente a la co-construcción de un mundo hecho a nuestra medida y semejanza, en tanto nos entendamos como seres integrados con la naturaleza y sus expresiones particulares.
Descubrir que acceder a nuestras creencias puede ser un procedimiento sencillo, útil y divertido, donde encontrarnos con los mecanismos inconscientes que nos llevaron a su construcción, no sólo nos abre la puerta de una mayor comprensión de nosotros mismos, sino que nos facilita la maravillosa oportunidad de realizar cambios profundos en nuestras reglas fundamentales de juego, abriéndonos a un mejor vivir, cuestión que abordaremos en próximos artículos.

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