martes, 15 de enero de 2013

El liderazgo y una buena autoestima

Desde una perspectiva amplia y práctica, líder es aquella persona que puede poner en acción, por sí misma o a través de otros, principios, planes, proyectos y/o políticas, en una forma tan dedicada y efectiva que otras personas se motivan con facilidad a respaldarle y ayudarle a conseguir el objetivo. Es quien tiene la capacidad de convocar la energía de otros y orientarla hacia el logro de objetivos comunes.
Claramente estas características tienen una directa relación, entre otros aspectos, con la autoestima de la persona, ya que como lo he mencionado en otros artículos, la autoestima es la capacidad de “amarnos a nosotros mismos” o “autoapreciarnos” y esto involucra la percepción emocional que cada uno de nosotros tenemos de nosotros mismos y de lo que somos capaces de lograr.
En sesiones de Coaching empresarial, he conocido directivos muy bien preparados, con una gran experiencia y dominio técnico de los temas bajo su responsabilidad, pero que a pesar de ello no logran los resultados esperados. Una de las variables que estas personas tienen en común, es una baja autoestima, ya que el tener una adecuada autoestima implica que un líder debe haber desarrollado:
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La visión: La capacidad de idear y originar ideas y proyectos prácticos y realizables. La creatividad, iniciativa y visión de futuro (identificar como lo que se haga ahora impacta o se relaciona con un futuro mediano o de largo plazo).
La prudencia: Contar con mesura y capacidad de análisis ante asuntos nuevos y de trascendencia, donde las decisiones que se tomen pueden ser de gran criticidad.
La escucha: Una persona con adecuada autoestima está en capacidad de escuchar y aceptar las sugerencias de otros sin sentir que se esté afectando su autonomía o autoridad. Está en capacidad de dejar de lado sus ideas cuando sabe que otras son mejores y da el crédito a la fuente.
La toma de decisiones: Cuando un líder cuenta con una adecuada autoestima, la seguridad y la competencia que identifica en sí mismo le permite aceptar responsabilidades y tomar decisiones sin pasar esta carga a otros.
La conciliación: Avanzar hasta que haya conclusiones finales de un asunto, teniendo en cuenta y entendiendo las posiciones y las necesidades de cada persona involucrada, y sin dejar de lado los propios intereses.
La comunicación: Una comunicación motivadora e influyente, donde se plasmen de manera concreta pero estimulante los retos a lograr. Donde el lenguaje corporal le apalanque el mensaje que quiere transmitir.
La tolerancia: Frente a la crítica que puede ser constructiva, frente a los diferentes estilos de trabajo, frente a las fortalezas y debilidades de las personas con las que interactúa, ante los errores de otros y de sí mismo.
A través del Coaching empresarial un líder estará en capacidad de “redescubrir” su potencial, de identificar sus fuentes de inseguridad (fuentes limitadoras) modificándolas por fuentes posibilitadoras y de lograr mejores y mayores resultados a un costo personal mucho más bajo.

Por Magda Pedraza . Tomado de: www.totalcoaching.ne

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